sábado, 18 de octubre de 2008

¿Quién debe pagar los platos rotos de la crisis?
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía

El presidente de la CEOE pide, entre otras medias para superar la crisis económica, abaratar los despidos. Si los sueldos de los trabajadores ya están por los suelos, ahora sólo les falta que se les pueda despedir sin indemnización de ningún tipo a fin de que la explotación en que viven alcance su mayor nivel de rentabilidad para el capitalista. Sin ser un experto en economía, no resultaría especialmente difícil valorar la situación económica y laboral en que vivimos si se conocieran con transparencia el sueldo medio de los trabajadores y el sueldo o las ganancias de los grandes capitalistas, empresarios o directores de bancos. ¿Por qué no salen a relucir esas cifras a fin de que podamos estudiar a quien le toca arrimar el hombro de una manera especial ante la crisis actual? Es un síntoma realmente serio el que nadie o casi nadie se pregunte por esa cuestión en apariencia tan sencilla. Síntoma de hipocresía, tal vez, por parte de quienes han acumulado y siguen acumulando ganancias millonarias como consecuencia del funcionamiento mágico (?) de los mecanismos financieros y como consecuencia del funcionamiento implacable de las leyes no escritas del mercado laboral, el funcionamiento salvaje de la ley de la oferta y la demanda de la mano de obra: A mayor demanda laboral, menor salario, a mayor demanda laboral de personas “sin papeles”, mayores posibilidades explotación para el empresario, posibilidades que suelen ser muy bien aprovechadas.
Pero, volviendo a la pregunta esencial, ¿quién debe pagar los platos rotos de esta grave crisis económica? Los trabajadores están viviendo con unos sueldos de miseria, con una media que no alcanza ni los mil euros mensuales. En principio y precisamente por esa falta de transparencia que hay en relación con las ganancias de los grandes empresarios capitalistas y de los no tan grandes, desconozco cuál es el coste económico que esta crisis tiene pueda tener para ellos. Sin embargo, sí sé una cosa, una cosa que todo el mundo conoce o puede conocer con tal de que acuda a los periódicos de hace sólo unos años y que tiene un interés mucho mayor del que a simple vista pueda parecer, pues del mismo modo que por las dimensiones de la punta de un iceberg puede conocerse su volumen total, quizá también el conocimiento de la mayor o menor ligereza con que se maneja el dinero por parte de quienes miran la crisis desde arriba pueda darnos alguna pista sobre el asunto, pues mientras para unos la crisis supone poner en peligro sus medios de subsistencia básicos, para otros la crisis puede significar que en lugar de comprarse un yate de 30 millones de euros deba comprarse uno un poco más barato.
Y, como antes decía, aunque desconozco las cuentas de beneficios de los grandes capitalistas, sí recuerdo lo que el señor Botín, presidente del banco de Santander, pagó al vicepresidente, el señor Ángel Corcóstegui, como aguinaldo o algo así, cuando se jubiló. Concretamente fueron 108.000.000 de euros, lo cual traducido en pesetas para quien quiera hacerse una idea desde la perspectiva de nuestra antigua moneda equivale a 17.967.680.000 pesetas. ¿Queréis saber cuántos años debería trabajar un mileurista para llegar a obtener un aguinaldo similar al recibido por el señor Corcóstegui? Es muy sencillo de calcular. Basta con realizar las operaciones aritméticas correspondientes. Suponiendo, como es lógico, que el mileurista gane 1000 euros mensuales, más 2000 euros por dos pagas anuales, ganaría 14.000 euros al año. Y así, si dividimos los 108.000.000 del aguinaldo del señor Corcóstegui por 14.000, obtendremos el total de años que necesitaría el mileurista para obtener un sueldo similar al de ese aguinaldo. Realizada la operación correspondiente, el resultado que cualquiera puede verificar por su cuenta es el de al menos 7.714 años. Es decir, que la equivalencia que el mundo de las altas finanzas establece entre lo que es el sueldo anual de un trabajador normal y el del aguinaldo por jubilación de un alto ejecutivo, como lo fue el señor Circóstegui, es ésa: Un simple trabajador debería trabajar 7.714 años para recibir un sueldo equivalente a la cantidad recibida por el señor Corcóstegui como premio por su jubilación. Y, si esa cantidad fue la que recibió este señor, que sólo era vicepresidente, ¿qué botín estará recibiendo el señor Botín, que fue quien le concedió ese reconocimiento económico por su labor? Y, lo que nos interesa en estos momentos: Si cuando se producen esos beneficios los trabajadores no se enteran, pues para nada repercute en un aumento de su sueldo, ¿por qué ahora deben ser ellos quienes paguen la crisis? ¿No habrá contribuido de manera especial ese reparto de “beneficios” realizado con tanta alegría entre cierto personal selecto, muy por encima del resto de los mortales, a la aparición de la crisis actual? ¿No es lo más lógico que ahora sean esos mismos capitalistas quienes solucionen la crisis devolviendo una pequeña parte de lo que se embolsaron como resultado de unos beneficios que sólo a ellos beneficiaron?
Para concretar: La solución de la crisis actual no debe pasar precisamente por un abaratamiento de los despidos ni por un recorte de los salarios de los trabajadores, que ya están sobradamente pisoteados y puteados, sino por un control de los beneficios nada transparentes que cada día se embolsan los grandes capitalistas, para que tales beneficios repercutan en la comunidad en su totalidad, y en una reinversión de capital para afrontar cualquier crisis no prevista en lugar de ser embolsados por esos señores de cuello blanco para despilfarrarlos en la compra de “sus” grandes mansiones, de sus yates y de toda una serie de lujos que los trabajadores ni siquiera llegan a imaginar en cuanto ya tienen bastante preocupación en calcular cómo llegar a fin de mes sin endeudarse con el banco, que siempre estará caritativamente dispuesto a concederle un préstamo en cuanto calcule que podrá devorarle en el momento en que deje de pagar una letra el día establecido.