miércoles, 21 de noviembre de 2007

¿Antifascismo del PP?
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía

El PP, mediante su portavoz Eduardo Zaplana, ha pedido en las cortes la ilegalización de los grupos que actúen promoviendo el odio, el racismo, la xenofobia y el desprecio a los valores y leyes de nuestra Constitución, pero lo ha hecho incluyendo en su petición la ilegalización tanto de los grupos fascistas como la de los antifascistas.
Realmente es una sorpresa la nueva actitud del PP, partido cuya militancia o votantes hasta el momento actual no han dado demasiadas muestras de ser un modelo a seguir en lo que supone su propuesta actual. Habría que matizar, no obstante, dicha propuesta en el sentido de que el señor Zaplana se ha excedido en su petición, en cuanto él y su partido piden la ilegalización de todos los grupos que actúen de forma violenta, tanto si se declaran fascistas como si se declaran antifascistas, sin tener en cuenta la diferencia entre actuar desde la violencia propia de la ideología de un partido, como lo es la de los partidos fascistas, y otra muy distinta es que en medio de una manifestación pueda haber casos aislados de personas que actúen desde iniciativas ajenas a las de los organizadores y se comporten de manera violenta, al margen de la normativa legal a la que debe ajustarse cualquier manifestación. En tales casos habrá que pedir, sin duda alguna, responsabilidades a los autores de tales actos violentos o a los mismos organizadores en cuanto legalmente deban contar con un servicio de orden que impida tales actuaciones. Pero es absolutamente desproporcionado pedir la ilegalización de aquellos partidos que defienden una convivencia en paz, la defensa de los valores constitucionales y la de los Derechos Humanos por el hecho de que sean “antifascistas” o porque pueda haber “reventadores”, espontáneos o inducidos, de tales actos.
Por ello, aunque la propuesta del PP tiene una parte aceptable en relación con toda la serie de grupúsculos que abiertamente se proclaman nazis o filo-nazis, fascistas o filo-fascistas, que utilizan símbolos nazis o fascistas, y que, en definitiva, promueven directa o indirectamente la violencia en contra de los valores defendidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos o en nuestra Constitución, sin embargo, es un absurdo inaceptable incluir en la misma propuesta la ilegalización de los grupos antifascistas, en cuanto éstos vayan en contra de la violencia, defiendan los valores constitucionales y actúen desde la legalidad.
Téngase en cuenta además, que, si hubiera que disolver un partido político como consecuencia de sus actuaciones ilegítimas, o contrarias a normas éticas tan elementales como las relacionadas con la verdad o con el respeto, el PP ya debería estar ilegalizado precisamente por la serie de graves calumnias, mentiras e insultos de que se han valido algunos de sus dirigentes como los señores Aznar, Rajoy o Zaplana a lo largo de su actividad política.
Así que, en cuanto se tenga en cuenta la diferencia entre la ideología y el comportamiento de un partido como tal y el comportamiento individual de quienes acuden a los actos programados por dicho partido, puede entenderse con claridad que, mediante la propuesta del señor Zaplana y de su partido, parece como si se quisiera defender a los fascistas al establecer como condición para su disolución como partido legal el que también quedasen disueltos quienes defienden su propia ideología mediante una actitud cívica respetuosa con las leyes, lo cual es injustificable y absurdo.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Gustavo Bueno o “la exclusiva del ateísmo”
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y miembro de FIdA

El señor Gustavo Bueno, como nos sucede a todos, ha ido cambiando con el paso de los años. A mí me gustaba escucharle cuando, hace ya alrededor de veinte años o más, le entrevistaban por televisión y respondía de forma apasionada criticando a los curas por lo que se refiere a sus supuestos conocimientos acerca del valor del Cristianismo o de la Religión en general. En aquellas entrevistas no recuerdo que mencionase para nada eso que aparece ahora en su libro acerca de "religiones primarias, secundarias o terciarias", y no por eso yo dejaba de entender lo que él decía, que en muchas ocasiones me pareció muy correcto. Ahora el señor Bueno ya tiene 83 años. Al enterarme de que había escrito un libro en el que dedicaba algún párrafo a criticar a la organización FIdA me quedé muy extrañado y por eso le pregunté a Paco Miñarro si quien había escrito ese libro era Gustavo Bueno "padre" o "hijo". Paco me respondió que no sabía si se trataba del padre, del hijo o del espíritu santo. Luego, ya me enteré de que se trataba del padre, aunque igualmente podría decir que se trataba del hijo en cuanto, como todo cambia, el Gustavo Bueno actual podía ser el resultado de un movimiento dialéctico según el cual la tesis del "Gustavo Bueno" del pasado había sido negada por la antítesis del actual "Gustavo (no tan) Bueno". Lo que desconozco todavía es cómo será la síntesis del nuevo Gustavo en cuanto, "el búho de Minerva emprende su vuelo al anochecer"... o en cuanto "los designios de la Providencia son inescrutables", como dicen los teólogos católicos ortodoxos del oeste para disfrazar su propia ignorancia y su imposibilidad de hacer congruente lo que sucede con lo que debería suceder según sus principios supersticiosos muy mal sistematizados.
Pero volvamos al tema que interesa.
Desde los comienzos de la Filosofía occidental, en el siglo VI antes de Tiberio, hasta el pasado siglo XX inclusive, los filósofos hablaban de todo lo que les parecía interesante, tanto a la hora de interpretar el mundo, como a la hora de llamar la atención acerca de la necesidad de transformarlo o como también a la hora de señalar qué medios podían ayudar para lograr una transformación beneficiosa para la humanidad y qué otros medios eran un obstáculo para lograr el fin de conseguir una sociedad más solidaria, en la que, como creía y pretendía Marx, desapareciera la explotación del hombre por el hombre y en la que la realización de la esencia humana se realizase a través de la colaboración entre los hombres y a través de la transformación de la Naturaleza, ese "cuerpo inorgánico del hombre", como la consideraba Marx, quien decía que la esencia del hombre tenía un carácter natural, en cuanto ligada a la Naturaleza, y social, en cuanto ligada a la colaboración con los demás hombres, criticando y luchando contra las distintas formas de alienación, entre las cuales se encontraba la alienación religiosa.
Es cierto que, a diferencia de Feuerbach, Marx no consideró que la alienación social en que el hombre vivía fuera consecuencia de su alienación religiosa, sino que, por el contrario, era su alienación económica y social la que determinaba la alienación religiosa y otras formas de alienación complementarias, que sólo eran un reflejo a nivel de la conciencia de la alienación económica-social en que vivía. Por eso, en su Crítica de la Economía Política escribió que “no es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia”. Es decir, que no eran la Religión, ni la Moral, ni el Derecho ni las instituciones políticas vigentes en la sociedad de cada periodo histórico lo que determinaba la forma de vida correspondiente, sino que era la forma de vida, los distintos modos de producción de bienes y las correspondientes relaciones económicas y sociales lo que determinaba el modo de ser de la conciencia de los individuos, su forma de entender la realidad.
En estas líneas voy a hablar acerca de un escrito del señor Gustavo –no tan- Bueno, en el que hace alguna alusión a la FIdA. Parece que el señor Gustavo ha evolucionado hacia una exaltación insuperable de su espíritu apasionado sin que tal exaltación haya venido acompañada de un correspondiente aumento de su racionalidad. Al menos esa es la impresión que me produce la lectura de alguna página de su libro La fe del ateo, tal como la que hace referencia a la FIdA.
En este sentido el señor Bueno niega que se pueda hablar de ateísmo sin especificar si se está hablando de ateísmo católico o musulmán, esencial o existencial, anarquista o nazi, etc., considerando además que hacerlo es algo “patológico” y una manifestación de “indocta confusión de ideas”. ¡Y yo que creía que hablar de ateísmo era simplemente hacer referencia a nuestra opinión negativa acerca de la existencia de eso a lo que llaman Dios, sean los cristianos o los musulmanes, en cuanto utilicemos un término que, aunque tengan significados no idénticos, guardan cierta semejanza en las distintas religiones!
Claro que, siendo consecuente con el punto de vista del señor Bueno, le podríamos pedir que nos aclarase una duda: ¿no sería igualmente "patológico" y propio de una "indocta confusión de ideas" pretender hablar de ateísmo musulmán sin tener en cuenta que existen musulmanes chiítas, musulmanes suníes y de otras muchas clases?; y ¿no sería igualmente patológico hablar de ateísmo musulmán chiíta, sin tener en cuenta si se trataba además de chiíta esencial o existencial?; y ¿no sería igualmente patológico hablar de ateísmo musulmán chiíta esencial sin precisar si nos referimos a un musulmán chiíta esencial liberal o comunista? Parece que quienes no sabemos realizar las distinciones y precisiones adecuadas para no meter a todos los ateos en el mismo saco somos unos indoctos patológicos. ¿Cómo nos atrevemos a opinar de ateísmo desde nuestra radical ignorancia acerca de estas distinciones tan imprescindibles para pronunciarnos con conocimiento de causa? Se nos debería prohibir opinar antes de haber realizado cinco cursos iniciales de especialización con el señor Bueno y veinte cursos más y el doctorado correspondiente antes de obtener el permiso para opinar sobre esta cuestión tan delicada sin ser declarados herejes por el señor Bueno.
¡Que mala fortuna tuvieron los señores Spinoza, Hume, Feuerbach, M. Hess, Stirner, Marx, Schopenhauer, Nietzsche, Einstein, Russell, y muchos otros, que tuvieron la osadía de hablar de Dios y del ateísmo sin hacer referencia a estas distinciones cuya única excusa fue la de no haber vivido el tiempo suficiente como para recibir las enseñanzas del señor Bueno, quien les podría haber explicado que para hablar de ateísmo se meterían en "un puro embrollo, y una patológica e indocta confusión de ideas" si no tenían en cuenta sus distinciones tan necesarias, tan "conditio sine qua non", incurriendo en el confusionismo más espantoso!
Y ¿¡qué decir de los biólogos que se atreven a hablar de los seres vivos sin precisar si están hablando de seres unicelulares o pluricelulares, de vegetales o de animales, de vertebrados o invertebrados, de mamíferos o de peces, de perros o de gatos, de caniches o de ratoneros valencianos!? ¿¡Cómo se atreve alguien a hablar de seres vivos sin matizar todas esas distinciones y muchas otras que sería obvio mencionar!?
Y lo mismo acerca de la Religión: ¿¡Cómo se atreven los miembros de la FIdA a hablar de Religión sin especificar a qué religión pretenden referirse!? Y ¡¿cómo se atrevieron los señores Moses Hess y Karl Marx a decir que la religión era el opio del pueblo sin especificar a qué religión se referían?!, ¡¿Como se atrevió el señor el señor Feuerbach a escribir un libro acerca de La esencia del Cristianismo sin haber especificado a qué clase de cristianismo se refería?! Y ¡¿cómo se atrevió a escribir La esencia de la Religión sin puntualizar a qué tipo de religión se refería?! ¡Qué osadía y qué muestra de ignorancia y de incultura patológica, al no mencionar para nada en ningún momento si se referían a una religión primaria, secundaria o terciaria y, en el caso de que se refiriese a una religión terciaria, de qué tipo, confundiéndolas todas en un absurdo embrollo indocto! Y ¡qué osadía tan monstruosa la de Nietzsche cuando se atrevió a afirmar que Dios había muerto, añadiendo además que nosotros le habíamos matado y sin especificar siquiera a qué Dios se refería! ¡¿Cómo se le ocurrió a Freud hablar de la religión, sin especificar de qué religión hablaba, diciendo que era “una neurosis colectiva de la sociedad”? ¿¡Cómo fue posible que las autoridades permitieran semejante atrocidad!? Y además, ¡¿cómo se les ocurrió a estos indoctos la barbaridad de defender el ateísmo sin especificar si ese ateísmo era simplemente óntico o era más bien ontológico?!
Pero al margen de la gravedad de todo lo anterior, lo que para el señor Bueno parece ser el colmo del absurdo “es que se confía gratuitamente en que «la lucha contra la religión» abra las puertas a la liberación de la humanidad, porque ven el «ateísmo como catalizador de fuerzas transformadoras» (¿de qué fuerzas?, ¿de qué transformaciones hablan?, ¿transformaciones comunistas, nacional socialistas, liberales, anarquistas...?)”.
Realmente se trata de acusaciones realmente serias. Parece que deberíamos avergonzarnos de abrir la boca, pues, según parece, no decimos más que barbaridades, tanto nosotros como los filósofos citados y una lista muy larga de pensadores.
Sin embargo, aunque no sé si desde movimientos como el de FIdA podrá conseguirse la liberación de la humanidad, lo que sí me parece claro es que desde planteamientos tan ególatras como el del señor Bueno a lo único a que se podría aspirar con ciertas posibilidades de éxito es al triunfo definitivo de la superstición y de la diarrea mental.
No sé cuál es el motivo de que este buen señor tenga tantas dificultades para entender lo que se dice con claridad, aunque no utilicemos sus precisiones terminológicas tan imprescindibles para él. Voy a intentar –no sé sin con éxito o sin él, pero sí con buena voluntad-, ayudarle a comprender lo que se le presenta como tan incomprensible:
Cuando decimos que confiamos en que la lucha contra la religión abra las puertas a la liberación de la humanidad, sin duda alguna manifestamos nuestro deseo de que esto sea así, a pesar de las dudas que podamos tener acerca de los resultados finales. Y evidentemente, aunque los resultados no puedan profetizarse, consideramos que, del mismo modo que la Filosofía surgió como una fuerza racional desmitificadora que consiguió superar muchas supersticiones en el pasado, consideramos igualmente que la religión –así, sin especificar más- está formada por un conjunto de supersticiones que tal vez no sean especialmente negativas en sí mismas, en cuanto sean una simple expresión de fantasías humanas, sino especialmente porque desde hace muchos siglos las religiones –entre ella la Católica- se han convertido un “modus vivendi” de una clase muy especial de personas –o de buitres- que se dedica a embaucar a la gente para robarle el dinero con la amenaza del Infierno en el caso de que se opongan a sus chantajes. Así sucede desde hace muchos siglos en España con la religión Católica, que ha sido utilizada por la organización de la jerarquía del Vaticano para extender su poder en el mundo mediante constantes procesos de adoctrinamiento irracional con los que se ha especializado en adormecer las conciencias, como ese “opio del pueblo” del que hablaba Marx.
Pues sí, señor Bueno, nosotros consideramos positiva para la gente despertarle de la pesadilla de la religión no sólo con la finalidad de animarle a disfrutar con la búsqueda de la verdad de un modo racional y empírico, sino especialmente para que los cuervos y buitres que se dedican a la rapiña y al expolio de la sociedad mediante su chantaje a individuos y gobiernos, y mediante su alianza con el capitalismo y con las diversas dictaduras, contrarias a la democracia, dejen de vivir gracias a su falta de escrúpulos a la hora de adoctrinar a niños de seis años para atrofiar su capacidad racional.
Sabemos que Feuerbach y Marx opinaban diversamente respecto al origen de la alienación social y religiosa por lo que se refiere a cuál era causa y cuál era efecto. Pero en cualquier caso consideramos que nuestra lucha contra el enorme robo continuo de las sectas religiosas en general tiene hemos de llevarla como podamos y sepamos, sirviéndonos no sólo de la denuncia sistemática de los diversos actos de hipocresía sin escrúpulos y de la simbiosis de las religiones con el capitalismo sino también con la crítica de esas supersticiones sobre las que se montan esos repugnantes negocios en los que, con la excusa de ayudar a los pobres, la Multinacional Católica no sólo es la más poderosa del mundo sino, sobre todo, la más peligrosa para una convivencia en paz, como se ha demostrado con ocasión de tantos conflictos y golpes de estado en los que la mano de la Secta Católica ha estado presente para apoyar a los golpistas y para bendecirlos.
Usted, señor Bueno, se escandaliza de que en la FIdA se hable del «ateísmo como catalizador de fuerzas transformadoras» y se pregunta “de qué fuerzas” y “de qué transformaciones hablan”. Si le parece, se lo aclaro, pero antes me gustaría que reflexionase un poco sobre la siguiente pregunta: ¿Sabe usted a qué clase de “transformación” se refería Marx cuando en sus Tesis sobre Feuerbach decía “los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diverso modos, pero de lo que se trata es de transformarlo?”. Supongo que, poco más o menos, sabe la respuesta sin necesidad de pedir al señor Marx que resucite para que se la explique. Podrá quizá responder usted que en el caso del señor Marx la respuesta es bastante obvia, teniendo en cuenta el conjunto de sus escritos y de su actividad. Pero en tal caso, también hubiera podido usted leer alguno de los escritos de nuestro foro para darse cuenta de que, con las diferencias lógicas entre cada uno de los miembros de esta asociación, lo que pretendemos es contribuir, con lo poco que podamos hacer –eso nadie lo niega-, a liberar a la sociedad de todo lo que la esclaviza, como, en este caso, el oscurantismo de las religiones en general así como las fuerzas mafiosas que prosperan a costa de adormecer al pueblo y que se inmiscuyen constantemente en nuestra sociedad, interfiriendo constantemente en lo referente a nuestra legislación en todo aquello que pudiera perjudicar sus intereses económicos y apoderándose, mediante la rapiña de los donativos del estado español, de una parte de nuestro dinero para seguir engrosando las arcas del vaticano y las de sus palacios episcopales en sus sucursales situadas en España y casi todos los países de la Tierra.
Sabemos perfectamente que la transformación de nuestra sociedad en una sociedad más justa, más solidaria y sin las escandalosas diferencias entre quienes disponen de enormes riquezas y quienes apenas tienen para comer cada día no se resolverán exclusivamente mediante la actividad de la FIdA, pero en cualquier caso consideramos que nuestra actividad es útil para encaminarnos hacia ese objetivo si con nuestras denuncias y nuestro trabajo de análisis racional de la religión Católica -y de cualquier otra que nos parezca oportuno- aportamos nuestro grano de arena para concienciar a quienes todavía no lo estén del valor tan negativo de las instituciones que se apoyan en las creencias religiosas, y en esas mismas creencias por representar una forma de alienación que, como decía Feuerbach proyecta lo mejor del hombre no hacia los otros hombres sino hacia un ser imaginario e incluso contradictorio, como sucede con el Dios del cristianismo.
Por otra parte, lo que resulta bastante oscuro es la causa de su animadversión contra este grupo, en cuanto en lugar de intentar comprender y colaborar con nosotros en los objetivos que pretendemos, se le ocurra meterse con el logotipo de la asociación, que puede estar más o menos conseguido, pero que es lo más secundario y anecdótico. Da la impresión de que usted pretenda erigirse en el “Pontifex Maximus” del ateísmo –o del “ateísmo católico”, si lo prefiere-, en el sentido de que le molesta que alguien ose hablar de ateísmo sin consultarle, sin pedirle su autorización y más si se trata de personas que ni siquiera han aprendido a diferenciar entre “ateos ontológicos y ateos ónticos, ateos privativos y ateos negativos, ateos esenciales y ateos existenciales, ateos católicos y ateos musulmanes, ateos anarquistas y ateos nazis, ateos comunistas y ateos liberales”. ¿No le parece que su actitud puede estar motivada por una especie de egocentrismo infantil? ¿No le parece que su tarea intelectual estaría mejor encaminada si la dirigiera hacia la denuncia contra quienes en el pasado se sirvieron de su “Santa Inquisición” y de sus “Santas Cruzadas”, y en los últimos años han bendecido los crímenes salvajes de un dictador dándoles el nombre de “Cruzada Nacional”, y se han servido y se sirven de la mentira y de la credulidad humana para su propio enriquecimiento sin escrúpulo? ¿No le parece, en cualquier caso, que ni a usted ni a nadie beneficia –como no sea a la propia secta de la Iglesia Católica- el realizar esas críticas nada constructivas contra una asociación que, aunque tenga sus imperfecciones como cualquier otra, tiene como fin primordial el de la lucha contra las supersticiones y contra quienes las fomentan como medio para enriquecerse a costa de la ignorancia que fomentan?
El jefe indio Seattle
y su ejemplo de
defensa de la Naturaleza

Por lo que se refiere al panteísmo y a un ecologismo basado en el sentimiento de integración del hombre con el conjunto de la realidad con la que formamos una unidad absoluta, tiene mucho interés la lectura y la reflexión sobre el escrito del jefe indio Seattle, dirigido al presidente de los Estados Unidos a propósito de la petición de compra de sus tierras que éste le había hecho. A través de la carta del jefe indio Seattle puede comprobarse su visión panteísta de la realidad, llena de admiración, de amor y de respeto por la naturaleza, una comprensión mucho más avanzada que la de nuestra “cultura europea” (?), mucho más artificiosa y alejada de esa comprensión y de ese sentimiento que caracteriza el contacto del hombre con esa realidad de la que forma parte y de la que recibe todo lo que le permite subsistir. En dicha carta se dice, entre otras cosas, lo siguiente:
“¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas ¿cómo podrán ustedes comprarlos?
Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.
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Somos parte de la tierra y, asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila: éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.
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El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras deben recordar que la tierra es sagrada y, a la vez, deben enseñar a sus hijos que es sagrada, y que cada reflejo fantasmagórico en las aguas claras de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.
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El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento: la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire.[...] El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar hasta donde el hombre blanco, incluso, pueda saborear el viento perfumado por las flores.
Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarlo yo pondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida.
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Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a sus hijos [...]
Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos: Todo va enlazado. Como la sangre que une a una familia.
Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida: él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”.

Creo que esta carta debería figurar en la primera página de cualquier libro o documento de todos los movimientos ecologistas.

viernes, 2 de noviembre de 2007

La sentencia del 11-M y el señor Zaplana
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación

Después de la sentencia del 11-M, el señor Zaplana todavía sigue manteniendo a su manera la “teoría de la conspiración”, diciendo que todavía hay aspectos del atentado que no se han aclarado y que los jueces no han mencionado a Irak por lo que se refiere a las causas de dicho atentado.
Respecto a la afirmación de que todavía quedan aspectos del atentado por aclarar, tal afirmación por sí misma no tendría mayor importancia en cuanto casi de modo inevitable hay muchos los delitos que no se esclarecen por completo, aunque se alcance una explicación bastante aproximada de sus causas. Sin embargo, en el caso de las palabras de este señor parece latir aquel espíritu del franquismo según el cual cualquier detenido es culpable mientras no se demuestre lo contrario. Y, en este sentido, el señor Zaplana parece querer decir que, como los hechos no están esclarecidos por completo en lo referente a los ideólogos que planearon el atentado, no puede descartarse que tales ideólogos pertenezcan a ETA. Es decir, que ETA, aunque sabemos que sus componentes no son angelitos, es culpable también de aquel atentado mientras no se demuestre lo contrario. El único inconveniente de esta argumentación es que, siendo consecuentes con ella, podría decirse igualmente que el señor Zaplana es culpable de aquel atentado mientras no nos demuestre lo contrario. Sería absurdo un planteamiento semejante, pero así funcionaban las cosas en los tiempos de la dictadura franquista y así parece razonar el señor Zaplana cuando pretende seguir apoyando la teoría de la conspiración a partir del hecho de que el juez del caso no haya podido determinar quién o quiénes fueron sus ideólogos: En aquellos tiempos de la dictadura, al igual que en el planteamiento del señor Zaplana, lo que funcionaba en España no era la presunción de inocencia, sino la presunción de culpabilidad mientras no se demostrase lo contrario. Aquella absurda forma de “legalidad” fue superada con el anhelado regreso de la democracia y con la introducción de una legislación basada en los Derechos Humanos, pero parece que el señor Zaplana siente una intensa añoranza de aquellos tiempos cuando intenta que nuevamente sea la “presunción de culpabilidad” la que le sirva para seguir justificando la “teoría de la conspiración”.
Y, por lo que se refiere, a la consideración de que el juez no ha mencionado a Irak como causa de los atentados del 11-M, se le puede conceder la razón al señor Zaplana, pues efectivamente no fue Irak la causa de dichos atentados, sino que, casi sin lugar a dudas, la causa más importantes fue la decisión del señor José María Aznar de enviar tropas españolas a Irak, escudado en la mentira consciente de que en Irak había armas de destrucción masiva, cuando en verdad no las había mientras que sí las había -y en cantidades masivas- en el país de su inigualable amigo el señor Bush.
Así que, desde la perspectiva de lo sucedido a partir de aquella estúpida decisión del señor Aznar, basada en la mentira y en el desprecio a la opinión casi unánime de los españoles, hasta el asombro provocado por la reincidente actitud farsante y chulesca del señor Zaplana, incluso al PP debería repugnarle contar en sus filas con elementos de semejante calaña, si realmente quiere convertirse en un partido político civilizado.