La sentencia del 11-M y el señor Zaplana
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación
Después de la sentencia del 11-M, el señor Zaplana todavía sigue manteniendo a su manera la “teoría de la conspiración”, diciendo que todavía hay aspectos del atentado que no se han aclarado y que los jueces no han mencionado a Irak por lo que se refiere a las causas de dicho atentado.
Respecto a la afirmación de que todavía quedan aspectos del atentado por aclarar, tal afirmación por sí misma no tendría mayor importancia en cuanto casi de modo inevitable hay muchos los delitos que no se esclarecen por completo, aunque se alcance una explicación bastante aproximada de sus causas. Sin embargo, en el caso de las palabras de este señor parece latir aquel espíritu del franquismo según el cual cualquier detenido es culpable mientras no se demuestre lo contrario. Y, en este sentido, el señor Zaplana parece querer decir que, como los hechos no están esclarecidos por completo en lo referente a los ideólogos que planearon el atentado, no puede descartarse que tales ideólogos pertenezcan a ETA. Es decir, que ETA, aunque sabemos que sus componentes no son angelitos, es culpable también de aquel atentado mientras no se demuestre lo contrario. El único inconveniente de esta argumentación es que, siendo consecuentes con ella, podría decirse igualmente que el señor Zaplana es culpable de aquel atentado mientras no nos demuestre lo contrario. Sería absurdo un planteamiento semejante, pero así funcionaban las cosas en los tiempos de la dictadura franquista y así parece razonar el señor Zaplana cuando pretende seguir apoyando la teoría de la conspiración a partir del hecho de que el juez del caso no haya podido determinar quién o quiénes fueron sus ideólogos: En aquellos tiempos de la dictadura, al igual que en el planteamiento del señor Zaplana, lo que funcionaba en España no era la presunción de inocencia, sino la presunción de culpabilidad mientras no se demostrase lo contrario. Aquella absurda forma de “legalidad” fue superada con el anhelado regreso de la democracia y con la introducción de una legislación basada en los Derechos Humanos, pero parece que el señor Zaplana siente una intensa añoranza de aquellos tiempos cuando intenta que nuevamente sea la “presunción de culpabilidad” la que le sirva para seguir justificando la “teoría de la conspiración”.
Y, por lo que se refiere, a la consideración de que el juez no ha mencionado a Irak como causa de los atentados del 11-M, se le puede conceder la razón al señor Zaplana, pues efectivamente no fue Irak la causa de dichos atentados, sino que, casi sin lugar a dudas, la causa más importantes fue la decisión del señor José María Aznar de enviar tropas españolas a Irak, escudado en la mentira consciente de que en Irak había armas de destrucción masiva, cuando en verdad no las había mientras que sí las había -y en cantidades masivas- en el país de su inigualable amigo el señor Bush.
Así que, desde la perspectiva de lo sucedido a partir de aquella estúpida decisión del señor Aznar, basada en la mentira y en el desprecio a la opinión casi unánime de los españoles, hasta el asombro provocado por la reincidente actitud farsante y chulesca del señor Zaplana, incluso al PP debería repugnarle contar en sus filas con elementos de semejante calaña, si realmente quiere convertirse en un partido político civilizado.
viernes, 2 de noviembre de 2007
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