Educación para la ciudadanía
y
objeción de conciencia
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en ciencias de la educación
Esquema:
1. Introducción.- El próximo curso se introduce en la enseñanza primaria la asignatura Educación para la ciudadanía. Parece que será una asignatura muy conveniente para la formación de los niños en el conocimiento, el análisis, la comprensión y el diálogo acerca de los valores que, desde una perspectiva humanista y al margen de creencias religiosas, se consideran valiosos para la formación de los ciudadanos por lo que se refiere a derechos, libertades y obligaciones, y para fijar el marco social más adecuado para el ejercicio de estos derechos, sin que la propia libertad se convierta en una barrera que impida la libertad ajena. En un estado democrático y aconfesional la formación ciudadana de los niños y de los jóvenes debe realizarse a partir de valores que emanan de la propia sociedad –y no de ninguna supuesta autoridad misteriosa ni de quienes pretenden ser sus enviados- en cuanto se los considere beneficiosos para el desarrollo personal y social de sus miembros.
2. Contenidos de la asignatura.- Por ello, los valores que se van a tratar y debatir en la nueva asignatura son los que se reflejan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los de nuestra constitución, valores inspirados en un humanismo como son la defensa del respeto a la libertad de pensamiento, de expresión y de conductas que no atenten contra la libertad ni contra los derechos ajenos; la doctrina de que el poder político proviene del pueblo y que todos tienen derecho a participar en la vida política; el ideal de alcanzar una sociedad más justa y solidaria; el rechazo a las aberrantes desigualdades sociales y la defensa de la solidaridad y de la lucha contra la miseria, el hambre y el sufrimiento; la consideración del prójimo como otro yo y la tesis de que la plena realización del individuo va unida de modo inseparable al bien de los demás; las tesis de que varón y mujer poseen igual dignidad y que la sexualidad es una manifestación inocente y natural del nuestra naturaleza; el respeto por las distintas opciones sexuales y afectivas como enriquecedoras para la persona y para la sociedad, y, en cualquier caso, como opciones tan respetables como las de quienes hayan optado por otras; el rechazo a la sumisión a cualquier forma de adoctrinamiento irracional y la defensa de la razón como auténtica fuerza liberadora del hombre; la consideración del mundo como nuestra cuna y nuestra morada a la que debemos valorar y respetar; la tesis de que las relaciones personales deben ser el resultado de un acto de libertad y nunca el de una absurda “atadura”.
3. El método para la enseñanza de esta asignatura debe consistir en una presentación de valores como los señalados para ser tratados mediante análisis racional, debate y discusión, a fin de esclarecer el alcance de su fundamento racional, pero en ningún caso debe consistir en un adoctrinamiento irracional o un lavado de cerebro, como los que por desgracia practican otros aprovechándose de la receptividad espontánea de los niños.
4. Algunos obispos y asociaciones católicas han planteado la posibilidad de oponerse a esta nueva asignatura mediante “objeción de conciencia” -¡lástima que se olvidasen de hacerla con la “Formación del Espíritu Nacional” del franquismo!-. Sin embargo, si se opone a esta enseñanza, es porque una parte fundamental de su negocio consiste en formar y ampliar su red económica piramidal mediante la difusión de un ideario que a no muy largo plazo le reporta ganancias muy lucrativas, al margen de que el reparto de beneficios entre sus accionistas más incautos quede pospuesto para “otra vida mejor”. La jerarquía católica pretende mantener el monopolio de la enseñanza de ideas y valores morales del que ha gozado a lo largo de tantos siglos, y evitar por todos los medios la presencia de una competencia que pueda quitarle parte de su clientela. En ese contexto puede entenderse que, no hace muchos meses, en una entrevista televisiva un obispo criticase al gobierno diciendo “¡¿qué clase de valores van a enseñar éstos?!”. Y ciertamente, en relación con el humanismo reflejado en la Declaración Universal de los derechos del hombre y en nuestra constitución, la axiología de la jerarquía católica se encuentra muy alejada, pues
1) Rechaza el uso de la razón para avanzar en el conocimiento, postulando la sumisión irracional a supuestas doctrinas de fe y llegando a defender que “el hombre alcanza la salvación por la fe y no por el cumplimiento de la ley” (Pablo, Romanos, 3, 28); ha sido una rémora para el avance científico, quemando a G. Bruno y condenando a Galileo y a Darwin, y rechazando muchos avances biotecnológicos que pueden salvar muchas vidas humanas;
2) Muestra una visión degradante del ser humano al considerarlo como un ser indigno y pecaminoso que sólo puede ser salvado por la gracia de Dios, aunque en muchos casos está predestinado al “fuego eterno”; que a causa del “pecado original” merece todos los sufrimientos que padece, los cuales son un castigo divino que debe aceptarse con “resignación cristiana”, en cuanto este mundo es un lugar de penitencia y un “valle de lágrimas”; considera que hay que amar al prójimo por Dios y no por su propio valor; considera el mundo y la carne –junto con el demonio- como enemigos del alma, sin reparar en la contradicción de afirmar al mismo tiempo que fue su Dios quien los creó;
3) ha olvidado la enseñanza fundamental de Jesús centrada en el amor, propugnando a lo largo de los siglos toda clase de guerras y de violencia inquisitorial contra quienes osaban pensar y vivir en libertad; vive en medio de la opulencia y de un lujo faraónico, en sus palacios episcopales, arzobispales o papales, a la vez que de forma sarcástica predica la “resignación cristiana” ante las injusticias, la miseria, el hambre y la muerte de tantos niños, y condena a quienes, como los “Teólogos de la Liberación”, pretenden seguir activamente el mensaje de Cristo en favor de los pobres; ha sido a través de los tiempos y sigue siendo en la actualidad la aliada natural de los poderosos y del capitalismo más feroz, olvidando como papel mojado los valores de la justicia y de la fraternidad; defiende los antiguos sistemas teocráticos de gobierno, considerando que todo poder viene de Dios, incluso los de los dictadores, con quienes tanto simpatiza;
4) defiende un estúpido machismo y una visión degradante de la mujer, considerándola responsable del pecado e incompetente para el sacerdocio;
5) degrada el valor de la sexualidad considerándola casi siempre como pecado, imponiendo el celibato obligatorio a los curas y defendiendo una aberrante exaltación del valor de la virginidad como un estado superior al de la unión natural afectiva y sexual; considera inmoral el uso del preservativo, que tanta ayuda proporciona para evitar millones de muertes provocadas por el sida; pisotea la libertad y la dignidad de los homosexuales y sus relaciones afectivas y sexuales; defiende la indisolubilidad del matrimonio por encima de la voluntad de quienes libremente decidan convivir o separarse.
Por ello, habría que preguntarse hasta qué punto sería aceptable esa objeción de conciencia, en cuanto no se limita al uso del derecho a la libertad de expresión, sino que representa una rebelión contra los valores constitucionales, que a nadie se le exige compartir desde el punto de vista teórico, sino sólo respetarlos mientras vivan en nuestra sociedad. Por ello, en el caso de que no estén dispuestos a regirse por nuestro ordenamiento jurídico, deberían comenzar a pensar en emigrar al Vaticano, donde podrían vivir de acuerdo con sus propios ideales.
jueves, 27 de septiembre de 2007
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