miércoles, 26 de septiembre de 2007

Si Dios existiera…

Si Dios existiera e infinito fuera,

todo su inmensidad abarcaría,

y excluida la existencia quedaría

de cualquier ajena realidad

que su infinitud pudiera limitar

Como ser perfecto, nada le faltaría,
y nada, por ello, necesitaría,
pero sin necesidad no hay deseo,
y sin deseo no hay acción,

y, por ello, no tendría voluntad

que le hubiera llevado

a plasmar lo que llaman “creación”

Ni infinito ni finito amor sería,
pues el amor es pasión
pero su impasible perfección
su autocontención incluiría.

Omnipotente no sería,

pues nada puede hacer

quien por tenerlo todo

nada más puede querer.

Tampoco inteligente sería,
pues para nada precisaría
de su impasible mismidad salir

para llegar a comprenderse

mediante la actividad

de reflexión consciente

Pensamiento sobre sí mismo
o “pensamiento del pensamiento”
le consideraba Aristóteles,
pero, al igual que el espejo
que otro espejo refleja
sólo ausencia infinita expresa,
pensamiento vacío sería
o vacío de pensamiento.

Si padre amoroso fuera,

a nadie con el fuego afligiría

porque el suplicio sólo sería

la caprichosa sanción

de una absurda condena.

Pero la divina perfección

cualquier pasión excluiría
y, con mayor motivo,
la obsesión de la venganza
cuya finalidad sólo sería
la de un sádico deleite
ante la perversa contemplación

de un absurdo dolor
sin otro fin ulterior
que el de la eterna condenación.

Nada que perdonar tendría,

pues su absoluta perfección

alejado le mantendría

de cualquier posible agresión,

pues, como dice el refrán,

“no ofende quien quiere,

sino sólo quien puede”.

Ni penitencias ni sacrificios querría

pues un déspota no sería
que del dolor del hombre gozase

ni de exigirle su homenaje.

Ni bueno ni malo sería,
pues, si bueno fuera,
el mal no existiría,
y, si malo,
tampoco el bien existiría
pero el mal y el bien existen.
Así que sólo y si posible fuera . . .

sería.

Yahvé dijo a Moisés
“Yo soy el que soy”,
y también Parménides afirmó:
“el
ser es y no es no ser”,
pero el ser no puede ser
sin ser el ser

de algo que es,

pues el ser del ser
o el ser que simplemente es
sólo de la nada
la existencia puede ser.

Anselmo y Descartes a Parménides siguieron,
afirmando que el Sumo Ser debía
ser,

para evitar la contradicción

de afirmar que el Ser no es.
Olvidaron, sin embargo,
que sólo con palabras jugaban

y que con ellas jugando
nada nuevo demostraban.

Si Dios existiera,
sería la existencia inmaculada

del Ser que Nada es,
pues cualquier concreción
de simplicidad y perfección
le privaría.
Sólo una palabra sería
que nada significaría.

Pero a nuestra imagen y semejanza

nosotros a Dios hemos creado,

y rasgos humanos le hemos dado

para atemorizar a quienes anhelan
vivir en libertad,
sin someterse a la opresión

de ningún dictador.

Para que magnates y potentados

con sus fortunas se sientan dichosos
por verse predestinados
a saborear más amplios gozos.

Para que los pobres se resignen

y con humildad su miseria soporten,
consolados con la esperanza

de que el reino de los cielos

muy pronto poseerán.

Para tratar de comprender

la existencia de la muerte y el dolor

como consecuencia de un pecado
que del Paraíso nos expulsó.

Para justificar la necesidad de un redentor

que del pecado nos redimiese

sacrificando a Dios su vida

para que su perdón nos concediese.

Para arrebatar bienes y riquezas
de los pueblos en su nombre conquistados,

para excusar luchas sangrientas
contra quienes otro Dios veneran.

Para santificar las guerras
de uno y otro bando,
pidiendo para ambos la victoria.

Para en su nombre exterminar

a quienes con razón se oponen

a caprichos y codicias
de ambiciosos conquistadores.

Para que prosperen sectas embaucadoras

recaudando limosnas generosas
con el fraude de mostrar al hombre

un camino de salvación,
y en el nombre de Dios se enriquezcan

dispensando indulgencias y consuelo
y hermosas parcelas de cielo

a cambio del codiciado dinero.

Para consolarnos de nuestra orfandad

mediante la fantástica ilusión
de tener
un padre protector
que invisible nos defiende
y amoroso nos espera.

Y para defendernos de nuestra inquietud,

soledad y turbación,
ante la insondable infinitud
envolvente
del abrumador universo
silente.

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